Tierras de Sangre II: Después de la caída de Thaloria
Entre las vetustas ruinas élficas de la Torrealba, toscamente fortificadas por los habitantes de Lagoscuro, se encuentra un extenso patio, ahora reconvertido en un huerto de plantas medicinales, que surte de remedios botánicos a los hábiles curanderos de la comarca. En el centro de dicho patio crece el árbol dorado de la cofradía. Nadie sabe quién lo plantó. Ya estaba allí desde los remotos tiempos en que los humanos y los elfos lacustres decidieron unir sus fuerzas y resistir a las criaturas de las nieblas. Sus dorados frutos, parecidos a bellotas, se muelen para obtener harinas y hacer panes, o se cuecen y se maceran en alcohol, para obtener un cordial conocido como “orujo dorado” muy apreciado en la comarca de Lagoscuro. Pero en cualquier forma en que se consuma están comprobadas sus propiedades curativas, así como la capacidad que tienen sus frutos de exorcizar la oscuridad de quienes los consumen. Sin los frutos del Árbol Dorado la cofradía no habría resistido tantos años.
Hoy, encontramos a su sombra, bajo ligeros toldos multicolores, a una partida de guerreros de la cofradía, malheridos, exhaustos, siendo atendidos por las curanderas y sanadores de la cofradía.
_Hansul, ¿Qué ha pasado? _pregunta una elfa madura y autoritaria. Hansul la mira con el rostro herido.
_Thaloria a caído. La oscuridad ha llegado _responde Hansul _ Una extraña hueste, parecida a las Criaturas de las Nieblas, pero con una terrible inteligencia. Los mandaba un Dios… Si no llega a ser por los panes de árbol que llevábamos hubiéramos sucumbido al mal…
La elfa mira a su alrededor, los cofrades ya empiezan a respirar mejor, una nube desaparece de sus rostros mientras toman los preparados de los médicos acompañados, ¿por qué no?, de discretos tragos de orujo dorado. Pronto recuperarán fuerzas y volverá a estar listos para combatir el mal.
_¡¿Cumplisteis con vuestro deber?! _pregunta con un grito la elfa, de forma ritual. Toda la Cofradía levanta la cabeza, vigorizada de repente
_ ¡Con Testa Férrea, Mano Férrea y Corazón Férreo! – Responden orgullosos los cofrades. El ambiente cambia, estallan en gritos de ánimo, se palmean unos a otros con orgullo. De otras partes de la ajada fortaleza acuden otros hermanos atraídos por el bullicio, portando instrumentos, trayendo viandas y pronto se recupera el ánimo, alimentado por la fraternal camaradería, bajo el gran Árbol Dorado.
_¡Noticias, noticias! ¡La general Helga llama a sus mesnadas para la defensa de Eurequia! _clama un mensajero interrumpiendo el festín. Uno a uno los cofrades orgullosos se yerguen en sus lugares. Vuelve a haber fuego en sus miradas. La elfa asiente para si misma. Hansul, el último en levantarse, responde con voz tonante:
_ Lagoscuro acudirá.

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